Citas ITV > Qué se revisa en la ITV > Suspensión y dirección en la ITV
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Hay una creencia muy extendida de que la suspensión sirve para ir cómodo. Es verdad a medias, y esa media verdad explica por qué tanta gente circula con amortiguadores agotados sin darle la importancia que realmente tiene.
La función principal de la suspensión no es el confort, sino mantener las ruedas en contacto permanente con el asfalto. Un amortiguador degradado permite que la rueda rebote tras cada irregularidad, y durante esas fracciones de segundo en que pierde contacto, esa rueda no frena, no dirige y no transmite nada. La distancia de frenado se alarga, la estabilidad en curva se deteriora y la capacidad de esquivar un obstáculo se reduce.
El problema es que todo eso ocurre de forma tan gradual que el conductor se adapta sin notarlo. Por eso la inspección de suspensión y dirección es, junto con la de frenos, la que más sorpresas depara.
En este artículo te explicamos qué se comprueba en la inspección, cómo se detectan las holguras, qué significan los síntomas más habituales y qué puedes valorar tú antes de acudir.
El elemento central de esta fase son las placas de detección de holguras, unos dispositivos hidráulicos instalados en el suelo sobre los que se sitúan las ruedas. El vehículo queda elevado o suspendido de modo que la rueda conserve su apoyo, y entonces las placas se mueven en distintas direcciones: longitudinalmente, transversalmente y en diagonal.
Mientras las placas agitan la rueda, el técnico observa desde el foso con una lámpara, buscando dónde aparece movimiento indebido. La idea es sencilla pero muy eficaz: todas las articulaciones del tren tienen un recorrido previsto, y cualquier juego que exceda ese recorrido delata un componente desgastado.
Este método detecta cosas que resultan imposibles de apreciar conduciendo, porque en marcha las fuerzas que actúan sobre el tren mantienen las piezas asentadas en una posición. Es al cambiar bruscamente la dirección de la fuerza cuando el juego se manifiesta.
Además de las placas, muchas estaciones emplean un banco de suspensiones que evalúa la capacidad de los amortiguadores para mantener la adherencia de la rueda. La rueda se somete a una vibración que recorre un rango de frecuencias y el equipo mide cómo responde el conjunto, obteniendo un valor que refleja la eficacia del amortiguador.
Se completa la fase con las placas alineadoras, que detectan desviaciones en la alineación del tren delantero cuando el vehículo pasa rodando sobre ellas.
Los componentes revisados son numerosos y cada uno tiene su patrón de fallo característico.
Los amortiguadores se examinan buscando fugas de aceite, que son el síntoma más evidente de que han perdido su capacidad. Un amortiguador con la carcasa húmeda o con el polvo adherido formando una pasta oscura está vaciándose. También se valora su eficacia mediante el banco y su fijación en los anclajes superior e inferior.
Los muelles se revisan buscando roturas, que son más frecuentes de lo que se puede pensar, especialmente en las últimas espiras. Un muelle partido hace que el coche quede visiblemente más bajo de un lado y puede llegar a dañar el neumático si el extremo roto entra en contacto con él. También se detecta el asentamiento, es decir, la pérdida de altura por fatiga del material.
Los brazos de suspensión y sus articulaciones concentran buena parte de los problemas. Las rótulas, que permiten el movimiento en varios ejes, desarrollan holgura cuando se desgasta su alojamiento. Los silentblocks, esos casquillos de goma que unen los brazos al chasis absorbiendo vibraciones, se agrietan y se despegan con los años, generando un juego que el técnico detecta con las placas.
Las bieletas de la barra estabilizadora son probablemente el componente que más veces aparece en los informes de inspección. Son piezas pequeñas, sometidas a mucho trabajo, y su desgaste produce el característico golpeteo seco al pasar por firme irregular.
Los cojinetes de rueda se comprueban buscando juego y ruido. Un rodamiento desgastado produce un zumbido que aumenta con la velocidad y cambia de tono al trazar curvas.
Y los guardapolvos reciben atención específica. Son las fundas de goma que protegen las articulaciones de la suciedad y la humedad. Cuando se rompen, la grasa escapa y entra agua y polvo, de modo que la articulación se destruye en poco tiempo. Por eso un guardapolvo roto genera defecto aunque la rótula que protege todavía funcione correctamente: es una avería anunciada.
El sistema de dirección se revisa tanto en su parte mecánica como en la asistencia.
Se comprueba el juego libre del volante, es decir, cuánto puede girarse sin que las ruedas empiecen a responder. Un juego excesivo indica desgaste en algún punto de la cadena que va del volante a las ruedas, y se traduce en imprecisión de la conducción.
La caja de dirección se examina buscando fugas en los sistemas con asistencia hidráulica, y holgura interna. La columna de dirección y sus juntas cardán se revisan por fijación y juego.
La timonería completa, con sus rótulas axiales y los terminales de dirección, se verifica mediante las placas de holgura. Los terminales desgastados son otro clásico, y se manifiestan en forma de dirección imprecisa y desgaste anómalo en los neumáticos.
En los vehículos con dirección asistida hidráulica se comprueba el nivel y estado del líquido, la ausencia de fugas y el estado de la correa y las tuberías. En los de asistencia eléctrica, cada vez más habituales, la verificación se apoya en el testigo del cuadro y en la diagnosis electrónica.
También se revisan los guardapolvos de la cremallera, que cumplen la misma función protectora que los de las rótulas y fallan por los mismos motivos.
El coche rebota tras un bache. Si al superar una irregularidad en el asfalto el vehículo oscila más de una vez antes de estabilizarse, los amortiguadores han perdido eficacia. La prueba casera de empujar hacia abajo una esquina del coche y soltarla es orientativa: debería subir y detenerse, no seguir balanceándose.
Golpeteo seco al pasar por firme irregular. Es el síntoma más característico de las bieletas de la barra estabilizadora. Suena como un golpe metálico corto, más audible a baja velocidad sobre adoquines o badenes.
Ruido sordo o crujido al girar. Suele apuntar a rótulas desgastadas o a guardapolvos rotos que han permitido la entrada de suciedad. Si el ruido aparece al girar a tope, también puede implicar a las juntas homocinéticas.
El volante vibra. A velocidades concretas, normalmente de autopista, suele indicar desequilibrado de ruedas. Si la vibración aparece al frenar, el origen está en los discos. Y si es constante e irregular, conviene revisar el tren.
El coche se va hacia un lado. Si al soltar momentáneamente el volante en recta y con firme nivelado el vehículo tira hacia un lado, hay un problema de alineación o de presiones.
La dirección se nota imprecisa o vaga. Esa sensación de que el volante tiene un punto muerto antes de que el coche reaccione es juego excesivo, y suele acumularse en varios componentes a la vez.
Zumbido que aumenta con la velocidad. Es el patrón de un cojinete de rueda. Si el sonido cambia al trazar una curva hacia un lado u otro, se confirma el diagnóstico y además identifica qué lado está afectado.
Desgaste irregular en los neumáticos. Como en los neumáticos, el patrón de desgaste es un indicador fiable. El desgaste en un solo lado apunta a alineación; el desgaste escalonado o en dientes de sierra, a amortiguadores o holguras.
El coche se ve más bajo de un lado. Muelle partido o asentado. Es visible mirando el vehículo de frente o desde atrás en terreno llano.
Conviene entender que los defectos de suspensión y direcciónen la ITV rara vez se quedan solos en el informe.
Un amortiguador agotado altera la medición del banco de frenos, porque la rueda no mantiene un apoyo constante sobre los rodillos. Un problema de alineación provoca desgaste anómalo en los neumáticos, que puede generar su propio defecto. Y una suspensión asentada modifica la altura del vehículo, lo que a su vez descuadra la regulación de los faros de cruce.
Esto tiene una lectura práctica: si tienes la sospecha de que algo va mal en el tren, resolverlo antes de la inspección puede evitarte no uno sino varios defectos.
Las comprobaciones posibles sin elevar el coche son limitadas, pero útiles.
Mira el vehículo de frente y desde atrás en un terreno llano comparando la altura de ambos lados. Una diferencia apreciable señala un muelle con problemas.
Observa los amortiguadores en la medida en que sean visibles. Si ves la carcasa húmeda o con suciedad adherida formando costra oscura, está perdiendo aceite.
Gira el volante a tope en cada sentido y examina los guardapolvos de las rótulas y de la cremallera. Las roturas suelen ser visibles a simple vista, y son uno de los defectos más fáciles de detectar por cuenta propia.
Haz la prueba del rebote en cada esquina del coche, apoyándote con fuerza sobre la aleta y soltando de golpe. Más de una oscilación indica amortiguador cansado.
Conduce prestando atención deliberada a los síntomas descritos arriba, especialmente por una calle con firme irregular y a baja velocidad, que es cuando mejor se oyen los golpeteos.
Y pasa la mano por la banda de rodadura de los neumáticos buscando relieve escalonado.
Si detectas varios de estos indicios, una revisión en el taller antes de la cita es claramente rentable. Son reparaciones que casi nunca son urgentes pero que, llegado el día de la inspección, se convierten en suspenso seguro.
Citas-itv.com