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Carrocería y cristales en la ITV

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Esta es la parte de la inspección que seguramente más desconcierta al conductor, porque funciona con una lógica distinta a la del resto. En los frenos o en la suspensión se evalúa si el vehículo funciona correctamente. Aquí se evalúan dos cosas diferentes: si la estructura del coche conserva su integridad y si el vehículo puede causar daño a terceros.

De ahí nacen criterios que a mucha gente le parecen caprichosos. Que un parachoques roto con un borde afilado sea motivo de defecto mientras una abolladura grande no lo sea. Que una fisura en el parabrisas suspenda o no suspenda según dónde esté situada. O que el óxido superficial sea irrelevante y el de los bajos pueda ser determinante.

En este artículo te explicamos esa lógica y repasamos qué se comprueba exactamente en la carrocería, los cristales, los retrovisores y los elementos exteriores.

La corrosión: cuál importa y cuál no

No toda oxidación tiene las mismas consecuencias, y entender la diferencia evita preocupaciones innecesarias y, al revés, despreocupaciones peligrosas.

La corrosión superficial es la que afecta solo a la pintura y la capa más externa de la chapa. Es un problema estético y, a largo plazo, el principio de algo peor, pero no compromete nada por sí misma. Un coche con burbujas de óxido en un paso de rueda o con puntos oxidados donde saltó la pintura no suspende por ello.

La corrosión estructural afecta a elementos que soportan esfuerzos o que absorben energía en un impacto: largueros, travesaños, pasos de rueda en su parte estructural, puntos de anclaje de la suspensión, de los cinturones de seguridad o de los asientos. Cuando el óxido ha perforado o debilitado alguna de estas zonas, el comportamiento del vehículo en un accidente deja de ser el previsto, y eso sí genera defecto.

El criterio práctico que aplica el técnico tiene que ver con la perforación y con la pérdida de material. Una chapa que cede a la presión, que está perforada o que ha perdido espesor de forma apreciable en una zona relevante es un hallazgo serio.

Esta revisión se realiza fundamentalmente con el vehículo elevado, porque los bajos son donde la corrosión avanza sin que nadie la vea. Los vehículos que han circulado por zonas donde se sala la calzada en invierno, o los que han permanecido mucho tiempo a la intemperie cerca de la costa, son los que más problemas presentan.

Conviene saber además que una reparación mal ejecutada puede ser peor que el daño original. Tapar una zona corroída con masilla o con una chapa soldada de forma deficiente no restituye la resistencia estructural, y es detectable.

Aristas cortantes y salientes peligrosos

La normativa no admite que un vehículo circule con elementos exteriores que puedan causar lesiones a un peatón, un ciclista o un motorista en caso de atropello o roce. No se trata de la estética ni del valor del coche, sino del daño que puede provocar.

En la práctica, esto incluye parachoques rotos que han dejado bordes agudos, molduras desprendidas que sobresalen, chapa levantada tras un golpe, retrovisores partidos con plásticos astillados, embellecedores sueltos y cualquier elemento que asome de forma anómala.

De ahí la aparente paradoja: una abolladura profunda pero lisa no genera defecto, mientras que una rotura mucho menor pero con una arista afilada sí lo hace. Lo que se valora no es el aspecto, sino el filo.

Lo mismo aplica a los elementos añadidos. Defensas, barras, enganches y accesorios instalados deben estar homologados y no presentar salientes peligrosos. Un enganche de remolque sin la bola montada, por ejemplo, puede resultar problemático según su configuración, además del asunto de la legalización que ya tratamos en su momento.

El parabrisas: la zona determinante

El parabrisas no es un elemento estructural que contribuye a la rigidez del habitáculo y que sirve de apoyo al airbag del acompañante cuando se despliega. Por eso se inspecciona con criterios propios.

La clave para entender cuándo un impacto suspende y cuándo no es la zona. El parabrisas se divide conceptualmente en áreas según su relevancia para la visión del conductor, y el mismo daño tiene consecuencias muy distintas según dónde esté.

La zona crítica es la situada en el campo de visión directo del conductor, delante del volante y dentro del área barrida por el limpiaparabrisas. Un impacto o una fisura ahí distorsiona la visión y genera defecto, aunque sea de tamaño reducido.

Fuera de esa zona, en los extremos del cristal o en áreas que no barre el limpiaparabrisas, el criterio es considerablemente más tolerante. Un impacto en la esquina inferior derecha puede ser perfectamente admisible.

A diferencia de los impactos, que son estables, las grietas tienden a progresar con las vibraciones y los cambios de temperatura. Una fisura que hoy está en zona irrelevante puede cruzar el campo de visión en unas semanas, y además compromete la resistencia del cristal. Por eso se valoran con más severidad que un impacto del mismo tamaño.

Una recomendación práctica que ahorra dinero: la mayoría de los impactos pequeños, si se reparan a tiempo, pueden rellenarse mediante inyección de resina en lugar de sustituir el parabrisas completo. Esa reparación suele estar cubierta por las pólizas de seguro sin coste ni pérdida de bonificación, y además impide que el impacto evolucione a grieta. Si tienes un impacto, repararlo cuanto antes es casi siempre la decisión correcta.

El resto de cristales y los tintados

Las lunas laterales y la trasera se revisan buscando roturas, fisuras y fijación correcta.

El asunto que más consultas genera es el de los cristales tintados. La regla básica es que las lunas delanteras, es decir, el parabrisas y las ventanillas de las puertas delanteras, deben permitir el paso de un porcentaje mínimo de luz, porque son las que permiten que el conductor vea y, también, que otros puedan ver al conductor. Los láminados que reducen la transmisión luminosa por debajo del límite no están permitidos en esas posiciones.

En las lunas traseras y en la luneta, el criterio es mucho más permisivo, y por eso muchos vehículos salen de fábrica con cristales oscurecidos en la parte posterior sin ningún problema.

Hay dos requisitos adicionales que suelen ignorarse. El primero es que la lámina debe estar homologada y la instalación debidamente realizada, de modo que conviene conservar el certificado. El segundo es que, cuando se tintan las lunas traseras, pueden exigirse retrovisores exteriores en ambos lados, algo que la mayoría de los vehículos ya cumple pero que conviene tener presente.

Las burbujas, los despegues y los deterioros de una lámina antigua también pueden generar defecto, porque distorsionan la visión.

Retrovisores

Deben estar presentes los que el vehículo lleve en su configuración homologada, correctamente fijados y sin roturas que impidan la visión.

El retrovisor exterior del lado del conductor es obligatorio en todos los casos. El del acompañante y el interior dependen de la configuración del vehículo, pero si venían de serie deben estar operativos.

Los fallos habituales son cristales rotos o desprendidos, carcasas partidas con plásticos astillados —que entran además en el apartado de aristas peligrosas— y mecanismos de abatimiento o de regulación eléctrica averiados que impiden colocar el espejo en posición útil.

Puertas, capó y portón

Se comprueba que todas las puertas abran y cierren correctamente desde el interior y desde el exterior, y que sus cerraduras y mecanismos de retención funcionen.

Esto no es una formalidad. Una puerta que no abre desde fuera impide el rescate de los ocupantes en un accidente, y una que no cierra con firmeza puede abrirse en marcha. Ambas situaciones generan defecto.

El capó debe disponer de un sistema de retención que impida su apertura en marcha, y el portón trasero debe cerrar correctamente y, si lleva amortiguadores de apertura, mantenerse abierto sin descolgarse.

También se revisan las bisagras, las juntas de estanqueidad en lo que afecta a la seguridad, y el estado general de los anclajes.

Limpiaparabrisas y lavaparabrisas

Aunque están en la frontera entre carrocería e interior, encajan aquí porque afectan directamente a la visibilidad.

Se comprueba que el limpiaparabrisas funcione en todas sus velocidades, que las escobillas limpien sin dejar zonas sin barrer y sin rayar el cristal, y que el brazo ejerza la presión adecuada. Unas escobillas endurecidas que dejan estelas o que saltan sobre el cristal generan defecto.

El lavaparabrisas debe proyectar líquido sobre el parabrisas y los surtidores deben estar correctamente orientados. El depósito vacío es uno de los defectos más absurdos en los que se puede incurrir, porque se resuelve con agua y cuesta cero.

En los vehículos que lo incorporan, se verifica igualmente el limpialuneta trasero.

La placa de matrícula

Se comprueba que esté correctamente fijada, que sea legible, que respete el formato reglamentario y que se corresponda con la documentación del vehículo.

Las matrículas deterioradas, con los caracteres desgastados o con la película reflectante degradada, generan defecto. También los soportes que la deforman o la ocultan parcialmente, y los portamatrículas con marcos que tapan parte de los caracteres.

Conviene recordar que la placa debe ser visible y legible, lo que excluye las láminas oscurecedoras, los soportes abatibles y cualquier dispositivo que dificulte su lectura.

Qué revisar antes de ir a la estación

La mayoría de estas comprobaciones se hacen dando una vuelta alrededor del coche con atención, que es algo que casi nadie hace nunca.

Recorre el perímetro del vehículo buscando piezas sueltas, molduras despegadas, parachoques con bordes rotos y cualquier elemento que sobresalga de forma anómala. Si algo está roto y tiene filo, resuélvelo aunque sea provisionalmente.

Examina el parabrisas desde el asiento del conductor, en la posición en que conduces habitualmente. Si hay un impacto o una fisura en tu campo de visión directo, llévalo a reparar antes de la cita. Y si tienes un impacto pequeño en cualquier zona, repáralo igualmente: cuesta poco o nada y evita que se convierta en grieta.

Abre y cierra todas las puertas desde dentro y desde fuera, el capó y el portón. Comprueba que las cerraduras actúan con firmeza.

Acciona el limpiaparabrisas en todas sus velocidades sobre el cristal mojado y observa si deja zonas sin limpiar o si salta. Rellena el depósito del lavaparabrisas y verifica que los surtidores apuntan donde deben.

Mira la matrícula: que esté bien sujeta, legible y sin marcos que tapen caracteres.

Y si el coche tiene años o ha vivido cerca del mar, échale un vistazo a los bajos en la medida de lo posible, especialmente a los faldones y a las zonas de los pasos de rueda. Si encuentras chapa que cede a la presión del dedo, conviene revisarlo con un profesional antes de la inspección.

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