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El habitáculo interior en la ITV

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De todas las fases de la inspección, la del habitáculo es la más breve y la que menos atención recibe. El técnico entra, comprueba unas cuantas cosas en pocos minutos y sale. Nada que ver con el despliegue instrumental del frenómetro o del banco de suspensiones.

Esa brevedad engaña. Lo que se revisa aquí son los sistemas de retención, es decir, los elementos que determinan qué le ocurre a tu cuerpo cuando el coche se detiene de forma brusca contra algo. Los frenos deciden si llegas a chocar; los cinturones y los asientos deciden qué pasa después.

Y hay un segundo bloque que gana peso cada año: el de los testigos del cuadro y la comprobación electrónica. Los vehículos modernos informan de su propio estado, y esa información forma parte de la inspección.

En este artículo repasamos qué comprobaciones se hacen dentro del coche, qué fallos generan defecto y qué puedes verificar tú en diez minutos.

Los cinturones de seguridad

Es el elemento más importante de esta fase y el que recibe una revisión más completa.

Se examina el estado del tejido en toda su longitud, no solo en la parte visible. Hay que tirar de la cinta hasta el final para inspeccionarla entera, porque los cortes, los deshilachados y las quemaduras suelen aparecer en el tramo que normalmente permanece enrollado. Un cinturón con el tejido dañado ha perdido parte de su resistencia, y en un impacto trabaja con fuerzas muy superiores a las que cualquiera imagina.

Se comprueba el funcionamiento del enrollador, que debe retraer la cinta completamente y, sobre todo, bloquearse ante un tirón seco. Esa es la prueba clave: si al dar un tirón brusco la cinta sigue saliendo, el mecanismo inercial no está haciendo su trabajo. Un cinturón que no bloquea es, a efectos prácticos, un cinturón que no retiene.

Se verifica el cierre y la apertura de la hebilla. Debe encajar con un chasquido firme, mantenerse bloqueada al tirar y liberarse al pulsar el botón. Las hebillas sucias o desgastadas a veces parecen cerrar pero se sueltan con una tracción moderada, lo que es especialmente peligroso porque da una falsa sensación de seguridad.

Y se revisan los anclajes, tanto los fijos como el regulador de altura cuando existe. Deben estar firmemente sujetos, sin holgura y sin corrosión que comprometa su resistencia. Los anclajes trabajan sobre la estructura del vehículo, de modo que la corrosión en esa zona conecta con lo que veíamos sobre carrocería.

La revisión alcanza a todas las plazas que el vehículo tenga homologadas, no solo a las delanteras. Los cinturones traseros, que se usan menos y se revisan nunca, son donde más sorpresas aparecen.

Los asientos

Se comprueba que estén firmemente anclados al suelo del vehículo. Un asiento con holgura en sus fijaciones es un riesgo evidente: en una frenada brusca o en un impacto, el conjunto formado por el asiento y su ocupante se desplaza, y el cinturón deja de trabajar en la posición para la que fue diseñado.

Se verifica el funcionamiento de los mecanismos de regulación, longitudinal y de respaldo, y especialmente que el asiento quede bloqueado en la posición elegida. Un asiento que se desliza o un respaldo que cede hacia atrás generan defecto.

En los vehículos con asientos traseros abatibles, se comprueba que los anclajes del respaldo retengan correctamente, porque un respaldo que se abate durante un impacto deja pasar al habitáculo todo lo que haya en el maletero.

También se revisa el estado general en lo que afecta a la seguridad, no a la estética. Una tapicería desgastada es irrelevante; una estructura deformada o un armazón visible, no.

En los vehículos equipados con reposacabezas, se verifica su presencia y que puedan fijarse en posición. No son un accesorio de confort: su función es limitar el desplazamiento de la cabeza en un impacto trasero y prevenir la lesión cervical.

Los testigos del cuadro de instrumentos

Este es el apartado que más consultas genera y donde más confusión existe, así que conviene precisarlo.

No todos los testigos encendidos provocan un suspenso. La clave está en si el testigo corresponde a un sistema que forma parte de la inspección.

Los que sí tienen consecuencias son, fundamentalmente, el testigo de avería del motor, asociado al sistema anticontaminante, el del sistema antibloqueo de frenos, el del airbag y los sistemas de retención, el de avería del sistema de frenos, y el de la dirección asistida en los vehículos que la montan. También, en los coches más recientes, los relacionados con determinados sistemas de asistencia que han ido incorporándose al alcance de la inspección.

El testigo del airbag merece una mención propia, porque mucha gente lo ignora durante años pensando que es un aviso menor. No lo es: indica que el sistema de retención suplementario ha detectado un fallo y que podría no desplegarse en un impacto, o desplegarse cuando no debe. Sus causas más frecuentes son conectores bajo los asientos que se han soltado —algo que ocurre al mover el asiento o al limpiar— y el muelle de reloj del volante, que se desgasta con los años.

La comprobación tiene dos partes. Al poner el contacto, los testigos deben encenderse como autocomprobación del sistema; un testigo que no se enciende nunca puede estar delatando una bombilla retirada para ocultar una avería, y eso también es detectable. Y poco después deben apagarse; el que permanece encendido indica fallo activo.

Borrar la avería justo antes de acudir no suele funcionar, por lo mismo que explicábamos en el artículo de emisiones: el sistema conserva el rastro del borrado y, si el fallo persiste, el testigo vuelve.

Instrumentación y mandos

Se comprueba el funcionamiento del velocímetro. Es un elemento obligatorio y su avería genera defecto, aunque hoy es poco frecuente excepto en vehículos antiguos con cable mecánico.

El claxon debe funcionar y emitir un sonido continuo y uniforme. Un claxon ronco, intermitente o inaudible no cumple su función de advertencia.

Se verifica el limpiaparabrisas en todas sus velocidades y el lavaparabrisas, que debe proyectar líquido sobre el cristal. Como ya comentamos al hablar del parabrisas, el depósito vacío es el defecto más evitable de toda la inspección.

En los vehículos que lo incorporan, se comprueba el desempañador de la luneta trasera y el sistema de climatización en lo que afecta a mantener la visibilidad, porque unos cristales empañados que no pueden despejarse comprometen la conducción segura.

También se revisan los cierres de las puertas desde el interior y, en los vehículos que lo lleven, el bloqueo centralizado en lo relativo a que no impida la apertura en caso de emergencia.

Elementos de los vehículos modernos

El alcance de esta fase se ha ido ampliando conforme los coches incorporan más electrónica.

En los vehículos equipados con sistema de llamada de emergencia, se verifica su estado a través del testigo correspondiente y, cuando procede, mediante diagnosis. Es el sistema que contacta automáticamente con los servicios de emergencia tras un accidente grave.

En los que montan sistemas avanzados de asistencia a la conducción, la comprobación se apoya en los testigos y en la lectura electrónica, y su alcance ha ido creciendo con las sucesivas actualizaciones del procedimiento de inspección.

También entra en juego el sistema de control de presión de neumáticos, que aunque afecta a las ruedas se verifica desde el cuadro de instrumentos.

Conviene saber que estas comprobaciones dependen de qué equipamiento tenga homologado cada vehículo: no se exige lo que el coche no lleva, pero sí se exige que funcione lo que lleva de serie.

El extintor y los elementos de seguridad

Una aclaración, porque genera dudas recurrentes: en los turismos particulares no se exige extintor, ni chalecos reflectantes, ni triángulos como parte de la inspección técnica.

Los chalecos y los dispositivos de preseñalización son obligaciones de circulación, no requisitos de inspección. Son dos marcos normativos distintos y conviene no confundirlos: que la ITV no lo compruebe no significa que no debas llevarlos cuando circulas.

En determinados vehículos de uso profesional, como taxis o vehículos de transporte de pasajeros, sí existen requisitos adicionales de dotación que forman parte de su inspección específica.

Qué revisar antes de ir

Esta es, junto con la del alumbrado, la fase que más fácilmente puedes comprobar por tu cuenta. Diez minutos sentado en el coche bastan.

Saca cada cinturón hasta el final y recorre la cinta con la mano buscando cortes, deshilachados o quemaduras. Hazlo también con los traseros, que son los que nadie mira. Da un tirón seco a cada uno para verificar que el enrollador bloquea. Abrocha y desabrocha cada hebilla comprobando que cierra con firmeza y libera sin esfuerzo excesivo. Y mueve los anclajes buscando holgura.

Mueve cada asiento hacia delante y hacia atrás, regula el respaldo y comprueba que queda bloqueado en la posición elegida. Empuja el respaldo con firmeza para verificar que no cede. Si tienes asientos traseros abatibles, comprueba que el respaldo queda retenido al levantarlo.

Pon el contacto sin arrancar y observa el cuadro: todos los testigos deben encenderse. Arranca y comprueba cuáles permanecen encendidos. Si ves el del airbag, el del ABS o el de avería del motor, llévalo a diagnosticar antes de la cita.

Toca el claxon. Acciona el limpiaparabrisas en todas sus velocidades con el cristal mojado y el lavaparabrisas. Rellena el depósito si está bajo. Y comprueba el desempañador trasero.

Abre todas las puertas desde el interior.

Diez minutos sentado en el coche y ya puedes elegir estación y reservar sabiendo que esta parte la llevas resuelta.

 

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